Riorda 10

En una charla en el IPEM 304 Juan Carlos Ferrero de Colonia Almada, el Veterano de Malvinas Rubén Riorda, de Villa Ascasubi, repasó la experiencia de 1982 en el conflicto bélico con Inglaterra.

“En el año ’82 había una ley de servicio militar obligatorio, todos los varones con 18 años tenían que cumplir un año de servicio militar. Esto implicaba estar bajo bandera para que te enseñen el ejercicio militar para la defensa de la Nación. Yo, clase ’63, me sortean en el año ’81, sorteos que eran el 30 de mayo. De acuerdo al número, te otorgaban tu lugar en una unidad. Me tocó hacer el servicio militar en un pequeño pueblo Colonia Sarmiento, entre Chubut y Santa Cruz, a 230 kilómetros de Comodoro Rivadavia para el lado de Chile. No teníamos idea qué se estaba gestando. Desde el 2 de febrero hasta el 2 de marzo fue la instrucción militar, siempre pensando que hacíamos el servicio militar. Cuando volvemos a los cuarteles, veíamos movimiento raro. Recién las armas aparecen el 20 de junio, cuando se jura la bandera, y nos dan equipos y bolsas. Todos teníamos presentes que el problema era con Chile. Nos dan balas de guerra y los fusibles dormían con nosotros, algo que no pasa nunca. Nuestro cuartel tenía salida hacia el sur, nos queda Chile a la derecha y Comodoro Rivadavia a la izquierda. Para algunos, el problema era con Chile y para otros, era en Malvinas. El 1° de abril salimos en camiones, no sabíamos adónde, nos habían dicho que era un ejercicio. Teníamos armas cargadas. Nos cerraron los camiones, nos bajaron las lonas y no sabíamos adónde íbamos. Algunos soldados conocían que estábamos llegando a Comodoro Rivadavia, comimos y dormimos arriba de los camiones. A la mañana siguiente, desayunamos un mate cocido y nos llevan a un avión, que es el mismo que trajeron el año pasado a Oliva. Nos dejaron formados ahí hasta las 8 y subimos, ahí nos dicen que íbamos a Malvinas”, comenzó su relato.

“Nadie sabía qué nivel de conflicto había dentro de Malvinas. Este avión, abriendo una puerta de atrás, y nos dijeron que nos abrazáramos al bolso y nos tiráramos con el avión en marcha. La pista era corta. Nos dijeron que Malvinas estaba tomada y el combate había terminado. Nuestra tarea era asegurar el aeropuerto. Bajamos normalmente por la escalinata, no hubo combate. Así terminó el 2 de abril. Éramos 82 soldados”, prosiguió.

Luego, los llevaron a dormir al Almirante Irízar. “A la mañana siguiente nos traen en helicóptero hasta Puerto Argentino y nos espera un buque, Isla de los Estados, carguero, que tenía leña también. El barco nuestro estaba precedido por el Almirante Irízar, que tiene helipuerto. Iban soltando soldados a distintas partes de Malvinas. El trayecto demoró dos o tres días, dejamos gente en San Carlos, Ganzo Verde, que es Darwin, para ir tomando. Más que la ciudad de Puerto Argentino, el resto son estancias, que incluso tienen escuelas. No era fácil moverse de un lugar a otro. Es todo barro. Ves pasto, pero el camión se entierra y no lo movés más. Los pobladores eran notificados, eran civiles, que fueron sacados del lugar. En Bahía Fox ya no había pobladores”, expresó Riorda.

“Los barcos llegaban principalmente con combustible y comida. Desde ahí, teóricamente se iba a trasladar en helicóptero a Puerto Argentino. Un grupo descargaba los barcos y el resto instalábamos defensas, minando el terreno y con alambrados, construyendo posiciones, que eran pozos llamados trincheras”, siguió.

El 1° de mayo se dio el ataque en Puerto Argentino, tras el desembarco inglés en San Carlos. “Se había hecho un sistema de defensa con 82 soldados y 20 suboficiales que no teníamos fuerzas para enfrentar un desembarco. Encontraron en el poblado unos caños de cloaca, con los que armamos maquetas de cañones que de lejos daban miedo. A raíz de eso, el jefe de los ingleses quería venir a ver cómo eran los cañones”, recordó con orgullo de la picardía argentina al ser descubierto el invento que impidió el desembarco inglés en esa zona.

“Hay que derribar mitos. Nunca nos rendimos. Recibimos orden de dejar las armas y fue un problema, pero muchos soldados no querían y hasta les tuvieron que pegar. No tuvimos un combate directo o tan criminal, como sí pasó en Darwin, donde se tuvieron que rendir. En nuestro caso no fue tan duro el combate y entonces era difícil entender, el 13 de junio nos dijeron que podíamos dormir tranquilos porque estaban firmando un armisticio. El 14, había tres fragatas inglesas y nos dijeron que agarráramos lo que teníamos. Yo estaba herido, me llevaron al barco y ellos me curaron, estuve siete días en un barco de ellos”, apuntó.

También relató el robo de una lata de comida, en un hecho por el cual rompió un vidrio que hizo alertar a todos los soldados del sector y motivo por el cual recibió el castigo de quedar estaqueado durante 48 horas.

Herido por esquirlas de madera tras un bombardeo, también relató cómo fue el regreso, las infecciones a causa de la falta de aseo, ya que durante todo el tiempo que duró el conflicto no pudieron bañarse, y las inyecciones posteriores al regresar a su hogar.

Al ser consultado por las secuelas y cómo sobrellevó el retorno al continente, bromeó señalando: “Te sacás un problema metiéndote en otro. Al regresar, me casé y formamos una familia. El hecho de tener a alguien al lado sirvió muchísimo. Uno no se olvida. Es una carga que uno aprende a llevar”. Cabe indicar que Marisel, su esposa, fue su novia desde antes del conflicto militar.