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En el marco del proyecto Pensar Malvinas, que se presentará para Feria de Ciencias el próximo 30 de junio, el IPEM N° 37 Coronel Hilario Ascasubi, a través de estudiantes de 6° año, organizó un conversatorio con la enfermera Stella Maris Botta, veterana de la Guerra de Malvinas nacida en Villa María y que actualmente reside en Córdoba.

Enfermera profesional, cabo principal en 1982, entró a la Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea en 1998, se jubiló el 1° de mayo de este año, casco azul en Haití, siempre se preguntó por qué no había carrera militar para las mujeres. “Hice la carrera de Enfermería en el Instituto Gabriela Mistral, la escuela de las rosarinas, en Villa María”, repasó en el colegio secundario, en una charla que tuvo presentes en el público a los Veteranos de Malvinas Carlos Brarda y Rubén Riorda.

“Me gustaba curar, animar a las personas, alentarlas, así decidí seguir esa carrera. Supe que necesitaban enfermeras en la Fuerza Aérea, me presenté en el Hospital Aeronáutico Córdoba, donde rendí, y nos mandaron a Buenos Aires. Estuvimos seis meses. Descansábamos en el Hospital de Ezeiza”, recordó Stella Maris Botta.

Tenía 23 años durante el conflicto bélico de 1982 y se encontraba destinada en el hospital de campaña ubicado en Comodoro Rivadavia, desde donde brindó asistencia a los heridos provenientes del frente. “Egresé como cabo principal del escalafón Sanidad, me jubilé en mayo de 2025 como personal civil de la Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea”, precisó.

A lo largo de su carrera profesional se desempeñó en diversas instituciones, incluyendo las escuelas oficiales de la Fuerza Aérea.

“Necesitaba servir a mi patria y yo respondí, no pensé nada”, comentó, antes de repasar huellas de una historia que la marcó para siempre en ese hospital de Comodoro Rivadavia. Con un generador eléctrico, para evitar advertir al enemigo, el lugar fue el centro de curación más cercano en la zona continental de los combatientes traídos de las islas. “Había muchos que venían con pie de trinchera, una afección por estar en contacto permanente con el agua donde se tenían que ocultar”, recordó, y lamentó varias amputaciones.

El caso de un soldado, que al descubrirse la sábana descubrió la pierna amputada, la marcó, en un relato impactante que despertó fuerte emoción en los presentes. “No nos dejaban tener estrés, porque al terminar de atender a los heridos, seguíamos haciendo otras actividades, preparábamos bultos para enviar a Malvinas. El Hércules lo bajaba en un lugar específico y lo repartía”, añadió.

También comentó que un soldado inglés fue atendido durante dos semanas en ese hospital, con igual trato que se tuvo a los heridos argentinos. “Sostener una mano a veces puede salvar una vida. Pudimos salvar muchísimas”, remarcó.

Solo Liliana Colino, que cruzó a las islas, fue reconocida por el Estado como Veterana de Malvinas, las restantes 13 quedaron excluidas del beneficio. El resto de nosotras quedó excluida. “Con el tiempo hubo otros casos que lograron reconocimiento: dos compañeras, Alicia Reynoso y Estela Morales, ganaron un juicio en 2022 y pudieron ser reconocidas. Gisela Basle, que falleció en Alemania, recibió la veteranía recién después de su muerte, pero ya no tenía hijos ni esposo que pudieran recibir el beneficio. En cambio, Mirta Rodríguez, que falleció en Córdoba, nunca fue reconocida”, señaló.

En la parte final del encuentro, justo en el Día de la Afirmación de los Derechos Argentinos sobre las Islas Malvinas, la alumna Luciana Resiale acompañó con el órgano la Marcha de Malvinas.